sábado, mayo 25, 2024
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Viñateros de Aysén amplían frontera vitivinícola a la zona austral

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La ampliación de las fronteras de la viticultura chilena hacia zonas más australes, ya es una realidad. Esto se debe a los efectos del cambio climático y que, favorablemente, han sido una oportunidad para el sector productivo de diferenciación y diversificación. Es así como hoy es posible desarrollar vinos en la región de Aysén, con gran potencial comercial.

Por ello se realizó en Santiago el lanzamiento de los vinos Chardonnay y Pinot Noir de las viñas “Don Renato”, de Puerto Ibáñez, y “Allá Lejos”, de Chile Chico. Se trata de un desarrollo agropecuario que inició en 2016 con el estudio de las posibilidad vitivinícolas en zonas con microclimas de esa región. La iniciativa contó con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).

Iris Lobos, directora nacional de INIA, señaló que “este proyecto reafirma la importancia de la colaboración público-privada para la agregación de valor y la diversificación productiva del sector agropecuario nacional. Este es el vino más austral del mundo y representa una relación virtuosa entre la identidad territorial de la Región de Aysén y el trabajo de investigación científica y tecnológica realizada por INIA con el apoyo de FIA, contribuyendo así a la economía regional y sus productores”.

La ejecutiva de innovación y experta en vitivinicultura de FIA, Loreto Burgos, agregó al respecto. “Para nuestra Fundación este proyecto materializa el trabajo colaborativo que existe entre ambas instituciones pertenecientes al Minagri. Desarrollando esta innovación productiva y comercial se busca el establecimiento de estas dos viñas de la Patagonia chilena. Podemos destacar también la transferencia que se realizó a los agricultores de la región de Aysén, lo que ayuda a contribuir a la diversificación en productos de este territorio”.

Sobre el proyecto

Esta experiencia vitivinícola es la primera de carácter público en esa zona y la primera producción “in situ”. Es una gran oportunidad para diversificar la oferta frutícola en la región y generar una oportunidad de negocios para empresas y emprendedores locales.

Los vinos catados, en promedio, alcanzaron sobre los 13° de alcohol, buen color y atributos sensoriales únicos, con gran potencial comercial, según los expertos asistentes. Esta primera cosecha arrojó unas 500 botellas y se espera con la temporada 2022-2023 alcanzar un número de producción cercano a las mil botellas, para llegar al mercado del vino a mediados de 2024.

El estudio del potencial vitivinícola de la Región de Aysén comenzó en la ciudad de Chile Chico en 2016. Lo primero fue hacer un registro de parámetros vegetativos y productivos de dos variedades de vid (blanca y tinta) para determinar su aptitud enológica. Esto concluyó que era factible obtener la azúcar necesaria para lograr una adecuada fermentación. Y, por ende, obtener un vino de buena calidad para lograr su posicionamiento en el mercado y un buen precio.

En 2019 comenzó la ejecución del proyecto financiado por FIA y ejecutado por el centro regional INIA Tamel Aike. El trabajo se denominó “Vitivinicultura de interés enoturístico en la Patagonia occidental de la región de Aysén”. Su objetivo fue investigar la posibilidad de desarrollar un paquete tecnológico de producción de vides viníferas en Chile Chico y Puerto Ibáñez.

Según el investigador de INIA que lidera el proyecto, Diego Arribillaga, “este nuevo programa permitió diversificar la oferta productiva. Lo hizo al incorporar una nueva alternativa frutícola para la Provincia General Carrera y su microclima. Para ello se contempló el establecimiento de dos viñedos con las variedades Pinot noit y Chardonnay”.

Oportunidades de desarrollo

En cuanto al desarrollo agropecuario, en cada viñedo se instaló un sistema de riego por goteo y control de heladas por aspersión. También protección para el viento, sistema de espaldera y malla de cobertura total para evitar el daño por aves. Y en cada unidad se evaluó el establecimiento, crecimiento, fisiología, fenología, uso eficiente del agua, identificación y control de plagas y enfermedades, manejo de follaje y capacitación a los asociados.

“Cuando la producción de fruta fue la adecuada, se realizaron análisis de calidad de bayas, mosto y vino, para identificar posibles oportunidades de desarrollo para futuros emprendedores. En sí, el programa contempló validar un paquete tecnológico que permitió a los productores disponer de toda la información necesaria para establecer las variedades de mayor potencial vitivinícola en las localidades”, agregó el especialista de INIA.

El lanzamiento de las variedades en Santiago fue el último hito del proyecto en ejecución. Por ello, el objetivo a mediano plazo es levantar el financiamiento para avanzar en el desarrollo vitivinícola orgánico en la región.

FUENTE: INIA


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