Maridaje con sabor chileno

Por Sebastián Labbé.

Enólogo de vinos Premium y Ultra Premium de Viña Santa Rita.


 

Si pensamos en la cocina tradicional chilena, no podemos dejar de pensar en preparaciones como porotos granados, empanada de pino, pastel de choclo o charquicán. Además, cuando evocamos el mes de septiembre, vienen a nuestra mente las Fiestas Patrias, la primavera con sus colores y sabores, los asados al aire libre y la familia reunida en torno a una mesa y una copa de vino.

Nuestra gastronomía, y en especial cada corte de carne, plato de comida, aliño o salsa que escojamos tienen una cepa que le combina. Lo importante es elegir bien el vino que acompañe los sabores, sus aromas y texturas. Es importante que, ni la comida opaque al vino ni que el vino opaque la comida.

Para esto, un Cabernet Sauvignon, un Carmenere y un Merlot son infaltables en cualquier mesa chilena, ya que son las cepas que mejor se ajustan a la comida tradicional de nuestro país, caracterizada por ser contundente y especiada y que debe ser maridada con vinos más complejos y de más taninos.

Por ejemplo, un vino recomendado para maridar con la clásica empanada de pino es el Casa Real Escudo de Familia Carmenere por ser potente y concentrado, sin dejar de lado su elegancia. Además, se trata de una cepa tan emblemática para Chile como es el Carmenere, que fue redescubierta en 1994 en el Valle del Maipo.

Si hablamos del tradicional asado, con un lomo vetado jugoso y en su punto, Medalla Real Gold Medal Cabernet Sauvignon es ideal, por tratarse de un vino estructurado que se balancea con cortes de carnes más grasosos. Para los embutidos como prietas y chorizos, en cambio, lo mejor es un Medalla Real Gran Reserva Carmenere porque es un vino concentrado, que va muy bien con comidas especiadas.

Si hablamos de anticuchos o una entraña, Casa Real Escudo de Familia Cabernet Sauvignon es una excelente opción; este es un vino elegante, con taninos poderosos y de tremenda concentración, que balanceará bien un corte sabroso como la entraña.

Incluso los clásicos postres chilenos como leche asada o leche nevada tienen un vino para combinarlo, en este caso les viene muy bien un vino aromático, concentrado y dulce como el Santa Rita Late Harvest.

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