«Sellado al vacío» salva locales gastronómicos

A causa de la epidemia global de COVID-19, el gremio de los restaurantes debió cambiar radicalmente su modelo de negocios para sobrevivir. Las cuarentenas, decretadas por las autoridades sanitarias, obligaron a los pequeños emprendedores gastronómicos a reinventarse para poder atender a sus clientes.

Como una necesidad de los tiempos, el reparto de comida a domicilio se convirtió en la única manera de generar ingresos en tiempos difíciles. Bajo este nuevo paradigma de “normalidad”, las cocinas de Chile y el mundo readecuaron sus estrictos protocolos de entrega de alimentos para evitar contagios. Ello se aplica tanto para sus trabajadores como de sus clientes, más aún en una época en que no es posible servir el pedido a la mesa.

Uno de estos métodos utilizado por los microemprendimientos culinarios es el denominado “sellado al vacío”. La técnica consiste en retirar el aire del interior de un envoltorio, con el objetivo de extender el periodo de caducidad de un alimento. Ello, además, facilita el transporte de la comida de manera hermética y prologando la vida útil de carnes, frutas o verduras. También reduce los costos por pérdida, también conocida como merma.

Tecnología ventajosa

Al respecto, Andrea Longeri, gerente general de FoodSaver, sostiene que “cuando hay grandes cambios, también surgen grandes oportunidades. Y eso es precisamente lo que todo emprendedor de la cocina puede conseguir de la mano de herramientas como el sellado al vacío. Contribuye a lograr la necesaria inocuidad de los alimentos, al no tener contacto con el aire, y con ello proporcionar un delivery respetuoso de las más estrictas medidas sanitarias.

Si bien la mayoría de los alimentos comercializados mediante delivery son para consumo inmediato, esta tecnología también puede ser aprovechada por los negocios. Permite abaratar el costo de sus insumos, pudiendo congelar -incluso- por varios meses algunos alimentos al vacío. Los mantiene frescos hasta 5 veces más que con métodos convencionales, retrasando su caducidad en varios meses.

En algunos casos, como carne y pollo, pan y verduras, es posible extender su vida útil hasta 3 años. Siempre que se mantengan congelados y sellados al vacío, conservando todas sus propiedades.

De esta forma, no solo es posible dar continuidad y rentabilidad al negocio en tiempos de pandemia. También es factible asegurar el almacenamiento y reparto de los productos.

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