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Las mujeres están transformando la industria del vino en Chile

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La vitivinicultura chilena atraviesa un momento de inflexión. Lo que durante décadas fue un territorio dominado por hombres, hoy se abre a una nueva generación de mujeres que no sólo ocupan cargos técnicos y de liderazgo. También están redefiniendo la manera en que se produce, se comunica y se disfruta el vino.

Enólogas, agrónomas, exportadoras, sommelieres y emprendedoras han irrumpido con fuerza en viñas y bodegas. Ellas están transformando silenciosamente una industria que ahora se cuenta con otros matices y se vive con nuevas experiencias. Este cambio no es únicamente numérico: es cultural, narrativo y sensorial, y está marcando un nuevo rostro para el vino chileno.

De la tradición al liderazgo

Pía Ravanal, directora de exportaciones de viña Ravanal, recuerda que en los años sesenta era impensable ver mujeres dirigiendo una vendimia. Hoy, en su viña, ellas conducen el viñedo, el laboratorio y las exportaciones.

María Ignacia Eyzaguirre, presidenta de Viñas de Colchagua, subraya que más del 40% de los nuevos enólogos son mujeres, muchas ya dueñas o socias de viñas. Cristina Álvarez, presidenta de la Asociación Mujeres del Vino Chile (MUV Chile), destaca el poder del ejemplo: cada mujer que lidera abre camino a las siguientes.

El avance es real, pero no exento de tensiones. Un 32% de las profesionales declara haber sido desplazada o discriminada, y un 39,9% percibe diferencias salariales. Persisten brechas en los cargos de mayor liderazgo. Álvarez insiste en que no se trata de competir, sino de abrir oportunidades donde el talento sea la medida del éxito.

Enoturismo con nuevos códigos

La visita clásica a la bodega se transforma. Hoy las experiencias integran gastronomía, naturaleza y bienestar. “Ya no se trata sólo de mostrar barricas, sino de crear un vínculo genuino con quien nos visita”, resume Ravanal. Eyzaguirre añade que las mujeres han acercado el vino a públicos más diversos, haciéndolo menos intimidante y más cotidiano.

El estudio de MUV Chile revela que un 34% de las participantes en la asociación son emprendedoras y un 43% proyecta dirigir su propio negocio. La asociatividad se vuelve clave: un 87% la considera necesaria. La sostenibilidad también emerge como eje: uso responsable del agua, cuidado de la tierra y prácticas agrícolas innovadoras.

Cada voz aporta un puente distinto: Ravanal une tradición y mercados globales; Álvarez vincula vino, personas y territorios; Eyzaguirre conecta grandes viñas con pequeños productores. El nuevo rostro del vino chileno no es sólo femenino: es diverso, cercano y transformador. Una industria que, en manos de mujeres, comienza a narrarse y vivirse de otra manera.


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