Desconocida cepa francesa quiere redefinir el vino chileno
El vino chileno atraviesa un momento de exploración y apertura hacia nuevas cepas que dialogan con los desafíos del presente. Entre ellas, la Marselan se ha convertido en un símbolo de innovación y resiliencia.
Originada en Francia, este cruce entre Cabernet Sauvignon y Garnacha encontró en los valles chilenos un territorio fértil para desplegar su carácter elegante y su capacidad de adaptación al cambio climático. Hoy, productores locales lo incorporan a sus líneas experimentales y premium, ofreciendo vinos que combinan frescura, intensidad frutal y sostenibilidad.
Su irrupción viene a diversificar la oferta nacional y también marca un nuevo capítulo en la cultura del buen beber, donde tradición y modernidad se encuentran en cada copa.
Las bodegas pioneras del Marselan en Chile han sido principalmente Viña Ravanal en el Valle de Colchagua, junto a proyectos de Casa Silva, Ventisquero y Santa Ema, que han apostado por esta cepa francesa como respuesta innovadora al cambio climático y como alternativa premium en sus líneas experimentales.
Una gran apuesta
La historia del Marselan en Chile no puede contarse sin mencionar a Viña Ravanal, pionera en apostar por esta cepa como parte de su estrategia de diversificación y adaptación climática. En 2025, la bodega presentó su línea Triadis I y II, mezclas que integran Marselan junto a Merlot y Malbec, además de un Marselan Reserva monovarietal, consolidando su posición como referente en la exploración de nuevas variedades.
El enólogo Héctor Saldivia destacó que el Marselan “aguanta muy bien temperaturas altas, sin estresarse tanto”, lo que lo convierte en una opción estratégica frente a la sequía y el aumento de temperaturas en el Valle de Colchagua.
La apuesta de Ravanal no es solo técnica, sino también cultural. Al incorporar Marselan en su portafolio, la viña busca dialogar con nuevas generaciones de consumidores que valoran la autenticidad y la innovación.
Exploración en valles diversos
Casa Silva ha trabajado con Marselan en Colchagua, buscando vinos de cuerpo medio y gran intensidad frutal. Ventisquero, por su parte, lo ha incorporado en proyectos experimentales en el Valle de Maipo y en zonas más cálidas, aprovechando su adaptabilidad y frescura. Ambas bodegas lo ven como una alternativa sostenible frente al cambio climático.
Santa Ema y Gillmore también han sumado Marselan a sus portafolios, explorando su potencial en valles como Maule y Limarí. Ambas bodegas buscan diferenciarse en un mercado competitivo, ofreciendo propuestas modernas y versátiles.
Aromas y sabores característicos
El Marselan elaborado en Chile ofrece una paleta aromática marcada por mora, ciruela negra, violetas y especias mediterráneas. Estos vinos suelen presentar notas frutales maduras, acompañadas de matices florales y un toque especiado que aporta complejidad. En boca, destacan por su equilibrio entre fruta y frescura, con taninos suaves y redondos que generan una textura aterciopelada.
En el Valle de Colchagua, el Marselan se expresa con mayor intensidad frutal, mostrando vinos robustos y aromáticos, ideales para acompañar carnes rojas y preparaciones a la parrilla.
En el Valle de Limarí, la cepa adquiere un carácter más mineral y elegante, con frescura marcada y notas que recuerdan al terroir pedregoso de la zona.
En el Maule, los vinos tienden a ser más versátiles, con un balance entre fruta madura y acidez natural, lo que los hace atractivos para un público joven que busca vinos gastronómicos y fáciles de beber.
Textura y estructura
El Marselan chileno se caracteriza por una estructura media a robusta, con taninos suaves que permiten un consumo temprano, pero también con capacidad de guarda gracias a su concentración aromática y equilibrio. Su final suele ser largo y persistente, dejando una sensación fresca y elegante.
Este perfil sensorial lo convierte en un vino ideal para acompañar carnes a la parrilla, pastas con salsas especiadas y quesos maduros. Su frescura y textura sedosa también lo hacen atractivo en contextos urbanos, como bares de vino y restaurantes que buscan ofrecer experiencias modernas y sofisticadas.
En síntesis, el Marselan chileno se posiciona como una cepa emergente que combina intensidad aromática, frescura y sostenibilidad. Esto responde a las expectativas de los consumidores que valoran autenticidad y calidad.
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