Concepción y Talcahuano, ejes históricos del vino chileno

Articular el posicionamiento de Talcahuano y Concepción como ejes estratégicos del vino en las regiones del Biobío y Ñuble. Ese es el desafío de
un grupo de profesionales de la aceleradora de Negocios de AgroWine Lab.

El equipo retomó el desafío de impulsar esta estrategia inédita, luego de más de 10 años de coordinación e investigación histórica, además de un trabajo en terreno en toda la zona centro-sur de Chile.

Ambas zonas, sumadas a las de Maule, concentran la mayor superficie de viñedos antiguos del hemisferio sur. Ellos tienen un creciente interés por producir vinos sobre la base de estos viñedos de más de 150 años, que están aún productivos. Y han dado origen a exitosos vinos que superan el precio promedio de los vinos chilenos de variedades europeas, en la mayoría de los casos.

Sergio Bustos Cabrera, gerente general de AgroWine Lab, confirmó el proyecto. “Estamos estructurando un plan de trabajo que se pretende entregar al ecosistema público-privado para poder coordinar oficialmente algunas iniciativas de interés, que están descolgadas de la estrategia oficial de la industria. Y que, en dichos territorios, representan grandes oportunidades de apoyo a la comunidad a través de iniciativas de innovación vitivinícola”.

El principal objetivo de este plan de trabajo es generar interés por parte de inversionistas regionales e internacionales. Ello, debido al alto potencial que existe en ambas regiones, en particular en el contexto inmobiliario. Se continúa trabajando en la conformación del Primer Wine Country (proyecto inmobiliario temático asociado el vino), y que ahora, ampliará su espectro no tan sólo a Concepción y Talcahuano, en el Biobío, sino también a Ñuble o Maule.

El comienzo de la historia del vino en Chile

Concepción fue clave en la comercialización, promoción y venta del vino chileno hasta 1864, aproximadamente. En particular, existía en calle Rengo una decena de bodegas que vendían el tan prestigioso “vino de Concepción”.

Por su parte, el Puerto de Talcahuano fue el punto estratégico de salida de todos los vinos producidos en el Valle del Itata. Ello permitió generar toda una cadena de comercialización internacional, que se fue perdiendo con el tiempo. Esta es la razón por la cual este puerto debe enaltecer la imagen e importancia que tuvo el vino en su historia.

“Queremos iniciar una recopilación histórica más profunda de la que se hizo en el Libro de Viñas del Itata. Una historia de cinco siglos, iniciativa que fue impulsada por el ingeniero agrónomo Maximiliano Morales en el año 2007, y que fue conducida por Fernando Arriagada. Él está en el equipo de profesionales con el que estamos trabajando”, recalcó Cabrera.

A través de este plan se pretende potenciar otros territorios que han estado descolgados del desarrollo vitivinícola en el Valle del Itata, y que ahora pertenece a la Región de Ñuble. Además de otros nuevos, pero antiguos sectores de la ribera del río Biobío.

El contexto histórico es claro al señalar que las primeras parras fueron plantadas en las cercanías de Penco en 1551. Fue el conquistador Pedro de Valdivia quien entregó los documentos, dando la autorización a su capitán Diego de Oro para que plantara una viña en las inmediaciones. Al parecer, la iniciativa no funcionó por un tema de clima y los avatares de la guerra de Arauco, que a fines de 1553 le costará la vida al propio gobernador.

No obstante el traspié, las viñas empezaron a fructificar con mucha fuerza en el interior, al calor y abrigo de los lomajes de la cordillera costina. Y, como muchos anhelaban su cultivo, éstas se multiplicaron grandemente por toda la zona al sur del río Maule. Allí actualmente se encuentra el polo de investigación de viñedos antiguos más importante de INIA Cauquenes.

En dicho centro de investigación se han generado análisis de perfiles aromáticos de uvas pisqueras, además de analizar el potencial de producción de vinos a base de cepa país. También ha sido gran parte de la base técnica del éxito gracias a alianzas estratégicas como la Cooperativa Loncomilla.

Históricamente, la única división administrativa eran los límites de los obispados de Santiago y La Imperial (más tarde Concepción) creados en 1561 y 1563, respectivamente. Fueron establecidos en el río Maule y después de diez años de ardua disputa, por lo que toda la producción vinera del sector fue conocido desde sus comienzos como “el vino de Concepción”. Así lo señalan varios cronistas de la época, como el informe de Rodrigo Vega Sarmiento al Virrey del Perú Francisco Vega de Toledo.

Hasta 1826, los vinos de Concepción fueron el 80% de la total producción nacional, es decir, las cuatro quintas partes. Ese año se crea la provincia de Maule, cuyo límite sur era el río Itata. Pero es bueno dejar en claro que igual la gran producción vinera se extendió al menos hasta 1864. A partir de ahí los viñedos de los alrededores de Santiago, franceses y más tecnificados, fueron ganando porcentaje de producción. Mientras que los del sur del Maule, disminuyeron su importancia por el aumento de los del norte. Sin embargo, la producción nacional fue en aumento gracias al aporte de las nuevas viñas. Itata y Cauquenes siguieron produciendo lo mismo, aunque sin renovar sus técnicas.

Según señala el historiador Fernando Arriagada Cortés, la metrópolis penquista no sólo adquirió importancia por ser la sede del Gobernador por largos meses. La Real Audiencia que ahí funcionó o el Ejército permanente que hubo de instalar como freno a los alzamientos demuestran aquello. Fue la capital vinera de Chile hasta los años sesenta del siglo XIX.

Ahora, avalados por una tradición de casi quinientos años y las nuevas viñas instaladas en los valles de Cauquenes e Itata, todo el sector ve resurgir el producto vino. Y también sus derivados, como una gran esperanza socio económica que potenciará el agro del secano interior del Itata.

La conexión de la filoxera con Chile y Texas

Según comenta Maximiliano Morales, “un hecho histórico que debemos confirmar, fue el boom exportador que tuvo el Vino de Concepción en la misma época que Europa fue azotada por la filoxera. Que llega en 1868, y durante una década, coincide con evidentes aumentos de exportación hacia Europa de vinos chilenos. Estos serían mezclados y consumidos por varios años hasta que la industria vitivinícola europea se recuperara, luego de que se crearan los porta-injertos resistentes al temido insecto”.

“Dicha parte de la historia del vino en el mundo está aún desarticulada. En un reciente viaje a Texas, a la zona de Austin y Dripping Springs, llegué a encontrar registros de que en Texas se había trabajado con variedades autóctonas de vides locales (origen español, considerando que Texas pertenecía a España antes), y con directas conexiones a Chile», recalcó Morales.

Los puntos de entrada de la filoxera fueron los puertos de Bourdeaux, Oporto y Málaga, según comenta el sitio web http://www.vitivinicultura.net/filoxera-de-la-vid.html

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