Bebidas fermentadas: El boom saludable que conquista Chile
El mercado de bebidas en Chile vive una verdadera transformación. La baja en el consumo de alcohol ha abierto espacio a alternativas más conscientes, entre ellas las bebidas fermentadas.
Kombucha, kéfir de agua y otros fermentos vivos se posicionan como opciones refrescantes, con menor graduación alcohólica y beneficios digestivos. Según datos recientes del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol ,Senda, el consumo mensual de alcohol descendió de 39,2% en 2022 a 34,6% en 2025.
Ello refleja un cambio cultural que ha impulsado una transformación en el mercado de los bebestibles, que hoy ofrece alternativas más saludables y con propósito. Entre ellas destacan las bebidas fermentadas, un fenómeno que pasó de ser un nicho pequeño a ocupar espacio en las góndolas de supermercados y tiendas especializadas.
Proceso ancestral
La kombucha y el kéfir de agua son los protagonistas de esta tendencia. La kombucha se elabora a partir de té fermentado con un cultivo llamado Scoby, una colonia simbiótica de bacterias y levaduras. Su sabor es ácido y refrescante, y aporta probióticos, vitaminas y minerales.

El kéfir de agua, en cambio, se produce con nódulos que generan una fermentación láctica. Es más suave, muy hidratante y se ofrece en variedades como berries o jengibre.
Ambos productos comparten una característica esencial: son fermentos vivos, elaborados con ingredientes naturales y sin pasteurizar, lo que garantiza la presencia de microorganismos activos beneficiosos para la salud.
“Más que una bebida con burbujas son fermentación real, un proceso ancestral que hoy vuelve a tomar fuerza porque entendemos mejor la importancia de la microbiota y el intestino”. Así lo explica Trinidad Völker, nutricionista y fundadora de La Fermentista.
En todo Chile
Los grandes protagonistas de esta tendencia no sólo concentran el interés de los consumidores en las grandes ciudades. Un ejemplo de ello se encuentra en la comuna de Freire, región de La Araucanía. Allí, Javier Epuñan impulsa “Mi Kombucha”, elaborada sobre la base de té y azúcar, con una segunda fermentación que incorpora frutas locales como maqui, murta y avellana chilena.
El resultado es una bebida burbujeante, ligeramente ácida y muy refrescante. La misma que ha encontrado gran aceptación en ferias costumbristas y locales gastronómicos de la zona.
“Es una bebida probiótica, saludable, fermentada en base a té, y en la segunda fermentación le incorporamos fruta para saborizarla”, explica el emprendedor. Además, destaca el apoyo de su familia en todas las áreas del negocio.
Propuestas innovadoras
Los beneficios de estas bebidas van más allá de la hidratación. Al aportar probióticos, ayudan a equilibrar la flora intestinal, fortalecen el sistema inmune y favorecen la digestión. También mejoran la absorción de nutrientes y contribuyen a prevenir procesos inflamatorios.
En un contexto marcado por el consumo de ultraprocesados, el estrés y el uso frecuente de fármacos, los fermentos vivos se convierten en aliados naturales para mantener el equilibrio bacteriano. Eso sí, Völker advierte que un producto realmente fermentado debe estar siempre refrigerado, ya que fuera de frío las bacterias dejan de estar vivas y se pierden sus beneficios.
El auge de estas bebidas no es casual. Según reportes de la industria, el consumidor chileno busca cada vez más opciones naturales, con bajo contenido de alcohol y que transmitan un propósito claro. Kombucha, kéfir y otras variantes fermentadas responden a esa demanda, ofreciendo una experiencia que combina sabor, bienestar y tradición. Lo que comenzó como una moda alternativa hoy se consolida como parte de un cambio cultural hacia una alimentación consciente y equilibrada.
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