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El ritual de la parrilla durante el 18: Fuego, cortes y tendencias

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Septiembre en Chile marca el inicio de una festividad colectiva donde el aroma a brasas se apodera de calles, balcones y campos. Para la inmensa mayoría de la población, el asado trasciende la mera preparación culinaria para consagrarse como un ritual afectivo y social.

Y no es una mera suposición, pues el respaldo de los datos indica que un 75% de los hogares posee una parrilla a carbón y un 24% vincula directamente esta práctica con el compartir en familia. La llegada de las Fiestas Patrias no hace más que generar una aceleración en la pauta urbana y una búsqueda intensa de insumos gastronómicos.

Aumento de la demanda

La alta expectación dieciochera impulsa un incremento vertiginoso en la demanda de carne de vacuno, la cual experimenta un aumento de al menos un 30% durante el mes de septiembre. Esta presión sobre el mercado requiere una planificación logística rigurosa por parte de distribuidoras, carnicerías y supermercados con el fin de garantizar el abastecimiento y mantener la estabilidad de los precios.

Como señala Álvaro Martínez, gerente comercial de la cadena Doña Carne, estas celebraciones representan una oportunidad para reencontrarse con los sabores tradicionales y compartir sin complicaciones mediante una planificación anticipada de las compras.

La infraestructura comercial se adapta aceleradamente para responder a este hito masivo. La firma, por ejemplo, reforzó su oferta en la Región Metropolitana con la apertura de su primer punto en el sector oriente, ubicado en Manquehue Norte 1176, Vitacura. Este despliegue busca acercar atención personalizada y cortes frescos a una comunidad que proyecta sus celebraciones familiares con días de anticipación.

La geografía del fuego

En la anatomía del banquete patrio, la carne de vacuno sostiene su liderazgo indiscutido a través de cortes emblemáticos como el lomo vetado, el asado de tira, la punta de ganso y la sobrecostilla. Los expertos aconsejan combinar distintas opciones cuando se convoca a grupos numerosos, estrategia que permite diversificar los puntos de cocción, enriquecer la tabla de picoteo y equilibrar el presupuesto final.

La parrilla dieciochera se enriquece con una variada arquitectura de sabores que trasciende al vacuno tradicional. El cerdo aporta rendimiento y jugosidad mediante el costillar o la pulpa, mientras que las longanizas resultan piezas fundamentales para amenizar la espera mediante el clásico choripán. A esta oferta se suman los trutros o pechugas de pollo y formatos de rápida preparación como hamburguesas y brochetas, ideales para agilizar el servicio en reuniones concurridas.

En torno a la procedencia de la carne vacuna existe una percepción distorsionada entre los consumidores chilenos. Aunque los productos nacionales y argentinos ostentan un amplio reconocimiento histórico en la memoria colectiva, Brasil se consolidó como el principal proveedor extranjero del mercado local, representando el 46% de las importaciones de carne bovina en 2025 y manteniendo dicha posición durante 2026 según cifras de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias. La normalización de los pasos fronterizos previos a septiembre permitió consolidar el inventario necesario para responder al peak de consumo patrio.

Murilo Corral, director comercial de Minerva Foods Chile, enfatiza que evaluar la calidad de una carne únicamente por su país de origen resulta en una conclusión incompleta. La excelencia del corte depende de la cadena productiva integral, contemplando la raza, edad del animal, alimentación, condiciones de crianza, proceso de faena, maduración, trazabilidad y conservación bajo los estándares sanitarios del SAG.

La parrilla urbana

El panorama habitacional en las grandes ciudades ha impulsado una transformación en la manera de encarar el asado dieciochero. La ausencia de un patio espacioso o un quincho tradicional en los departamentos contemporáneos ya no constituye un impedimento para sumarse a la festividad. Las parrillas eléctricas han irrumpido con fuerza en terrazas y comedores urbanos, ofreciendo un control térmico riguroso y una solución práctica para espacios reducidos.

La cocina a la parrilla en interiores exige adaptar la selección de ingredientes hacia formatos de menor grosor y cocción ágil. Cortes individuales de carne, anticuchos, longanizas, trozos de pollo y vegetales como pimentones, zapallos italianos, champiñones, cebollas, choclos o piñas se integran con fluidez a esta modalidad, permitiendo monitorear la temperatura sin manipular en exceso la materia prima.

Uno de los mayores desafíos del asado bajo techo es replicar la complejidad aromática que aporta el carbón sin saturar de humo el hogar. Karin Stoiber, marketing manager hispanic de Philips Hogar Chile, destaca que la innovación tecnológica ha integrado ahumadores e infusores en modelos como la parrilla Philips HD6212/90. Estos dispositivos permiten utilizar hierbas aromáticas como romero o tomillo, además de ajo o vino, aportando capas de sabor ahumado mientras reducen la emisión de humo hasta en un 45% mediante sistemas de drenaje de grasa y cubiertas de cristal.

El fuego perfecto

Más allá de la marinada o el corte elegido, el verdadero eje vertebrador de un asado memorable radica en la gestión del fuego. Constanza Lewin, gerenta de marketing de ENKO —representante de la marca Ronson—, aclara que una combustión defectuosa genera humo en abundancia, llamas descontroladas y una cocción irregular que arruina la textura de la carne. El secreto de una buena parrilla reside en cocinar sobre brasas parejas y consolidadas, un proceso que requiere tiempo y disciplina.

El encendido del fuego demanda una planificación rigurosa, iniciando la combustión entre 30 y 45 minutos antes de colocar los alimentos sobre la rejilla. Los especialistas remarcan la importancia de emplear carbón o leña completamente secos y prohíben categóricamente el uso de acelerantes líquidos como gasolina, alcohol o parafina debido al altísimo riesgo de explosión o quemaduras.

El resguardo de la seguridad cobra especial urgencia en Fiestas Patrias, periodo en que los servicios de salud reportan un aumento de hasta un 25% en las consultas de urgencia por quemaduras asociadas a brasas o parrillas. La utilización de herramientas diseñadas para exteriores, tales como encendedores multipropósito de tubo largo, cuello flexible o llama tipo antorcha, permite encender el carbón manteniendo una distancia protectora de las manos respecto a la fuente de calor.

El entorno donde se instala la parrilla constituye el último eslabón de la prevención doméstica y ambiental. La Corporación Nacional Forestal enfatiza la necesidad de ubicar los equipos lejos de árboles, matorrales o vegetación seca, mantener cilindros de gas y leña distanciados de las brasas, supervisar de forma continua a los niños y contar siempre con agua, arena o un extintor a mano. Asimismo, CONAF recuerda que en las Áreas Protegidas del Estado está estrictamente prohibido encender fuego y que toda brasa debe ser apagada en su totalidad antes de abandonar el lugar.

El parrillero en la encrucijada

La escena del asado dieciochero funciona también como un espejo sociológico donde se reflejan y negocian las dinámicas culturales de la sociedad chilena. La imagen del hombre posicionado frente a las tenazas y el carbón constituye un estereotipo fuertemente arraigado en el imaginario colectivo. Sin embargo, investigaciones académicas recientes invitan a deconstruir esta figura tradicional.

La Dra. Claudia Troncoso, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción e investigadora del proyecto COLABORA e InES Género UCSC, sostiene que la asociación entre hombres y parrilla responde a una construcción sociocultural de género y no a una habilidad biológica natural. Mientras que la cocina diaria ha sido históricamente asignada a las mujeres —siendo madres y abuelas las principales transmisoras intergeneracionales del patrimonio culinario—, el asado se erige como una excepción masculinizada dentro de la comensalidad festiva.

Los estudios desarrollados con estudiantes universitarios revelan una tensión permanente entre el discurso y la práctica. Aunque las generaciones jóvenes identifican de manera consciente estas brechas de género en el hogar, en la práctica cotidiana se sigue reproduciendo la figura del parrillero masculino, fenómeno que la investigación califica como una paradoja hermenéutica.

De lo que no cabe dudad es que la parrilla del 18 se reafirma como un espacio dinámico donde conviven la alta gastronomía, la tecnología urbana y la evolución de nuestras costumbres sociales.


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