Dos empanadas chilenas figuran entre las doce mejores del mundo
La empanada de pino y la empanada de manzana de Chile fueron destacadas por el portal gastronómico TasteAtlas entre las doce mejores del mundo. Dicha elección consolida a la cocina chilena en el mapa global de este clásico gastronómico.
Ambas versiones, una salada y otra dulce, muestran la diversidad y riqueza cultural que encierra este “bolsillo de felicidad”. Uno que viajó desde España hasta convertirse en un verdadero símbolo de América Latina.
Fenómeno global
El concepto es simple: masa envuelta en un relleno. Pero su ejecución es infinita. Desde Galicia, España, donde nació como comida portátil para los trabajadores, hasta las múltiples variaciones sudamericanas, la empanada se transformó en un ícono universal.
En Argentina, el “repulgue” funciona como un código secreto que distingue sabores. En Bolivia, la salteña es una obra de ingeniería que guarda un estofado jugoso dentro de una masa dulce. Cada país aporta su sello, y Chile no se queda atrás.
La fuerza del relleno
La empanada de pino chilena es monumental. Su relleno mezcla carne molida, cebolla, aceitunas y huevo duro, logrando un sabor intenso y contundente. Puede hornearse en horno de barro o en cocina moderna, pero siempre conserva su carácter robusto. TasteAtlas la ubica entre las mejores del planeta, destacando su potencia y su rol central en las celebraciones patrias.
En contraste, la empanada de manzana chilena ofrece dulzura y ligereza. Con masa crujiente y relleno de fruta caramelizada, es un postre que equilibra la contundencia del pino. Su inclusión en la lista de TasteAtlas confirma que Chile no solo brilla en lo salado, sino también en lo dulce.
Chile en la élite mundial
Que dos empanadas chilenas figuren entre las doce mejores del mundo no es casualidad. Refleja la capacidad del país para reinterpretar una tradición global y darle identidad propia. La empanada de pino es símbolo de fiesta y reunión familiar; la de manzana, un guiño a la repostería casera que acompaña la sobremesa. Ambas son parte de un mismo relato: el de una cocina que mezcla historia, ingenio y sabor.
En definitiva, Chile se instala en la primera línea de la cultura empanadera mundial, con un pie en la tradición y otro en la innovación.
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