Calafate es el nuevo fruto que conquista copas y postres
El calafate, pequeño fruto azul que crece en los matorrales del extremo sur de Chile, está dejando de ser un secreto guardado en mermeladas y helados. Hoy se abre paso en copas y platos, conquistando la atención de bartenders y chefs que buscan identidad local y nuevas experiencias sensoriales.
Su mezcla precisa de dulzor y acidez lo convierte en un insumo magnético, capaz de transformar un sour en un viaje patagónico o un postre en un relato de territorio. Más que un ingrediente, el calafate se ha vuelto un símbolo: un puente entre tradición y vanguardia, entre la leyenda que promete el regreso de quien lo prueba y la innovación que lo instala en la escena gastronómica contemporánea.
Dulce y salado con carácter

Durante años fue protagonista en cervezas artesanales, pero ahora se instala en la coctelería. El calafate sour, servido en el restaurante Surista del Hotel Almasur Punta Arenas, se ha transformado en un símbolo de identidad local. “Buscamos que nuestra propuesta tenga una conexión con lo silvestre”, explica el chef David Ojeda, quien destaca cómo el fruto potencia la acidez natural del cóctel y le otorga un carácter único.
La versatilidad del calafate se extiende más allá de la barra. En pastelería, aparece en lingotes de chocolate y en el postre “Ilusión cítrica”, donde aporta frescura y color. En la cocina salada, sorprende en un lomo acompañado de falso caviar de calafate, demostrando que su intensidad puede dialogar con carnes y salsas.
Identidad y leyenda

El interés por este fruto no se limita a turistas. Los comensales locales lo ubican entre los tres productos más buscados de la región, junto al cordero y la centolla. Su magnetismo se alimenta también de la leyenda: quien prueba calafate en la Patagonia, siempre regresa. Una narrativa que convierte cada trago y cada postre en un puente entre sabor y territorio.
El calafate se consolida como protagonista de la cocina contemporánea del sur de Chile. Su carácter silvestre, su versatilidad y su carga simbólica lo proyectan más allá de la tradición, conquistando tanto copas como mesas, y reafirmando que la innovación culinaria puede nacer de lo más profundo de la tierra patagónica.
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