Aprende el arte de servir el vino en invierno
El invierno transforma la manera en que se disfruta el vino. Las casas calefaccionadas y las terrazas frías alteran la temperatura de cada botella, y con ello, la percepción de sus aromas y frescura.
Según el equipo enológico de Viña Cono Sur, entender cómo el clima influye en la copa es clave para mantener el equilibrio y la expresión de cada variedad. “La idea no es establecer una única forma de consumirlo, sino entregar referencias para que cada persona encuentre aquella que más disfruta”, explica Matías Ríos, director de Enología de la viña.
La verdadera “temperatura ambiente”
Durante años se recomendó servir el vino a temperatura ambiente, pero ese concepto nació en hogares europeos de 16 a 18 °C. En Chile, las viviendas pueden superar los 22 °C en invierno, lo que intensifica la percepción del alcohol y reduce la frescura.
Por eso los enólogos sugieren servir los blancos entre 10 y 12 °C, el Pinot Noir cerca de los 14 °C y los tintos entre 16 y 18 °C, para que cada vino revele su carácter sin perder armonía.
Paciencia ante el frío
Cuando una botella está demasiado fría, la tentación de acercarla a una fuente de calor puede ser grande. Sin embargo, los cambios bruscos de temperatura afectan su estructura. Lo ideal es dejar que el vino se atempere de forma natural dentro de la habitación, permitiendo que sus aromas se abran lentamente.
El frío exterior tampoco garantiza una buena conservación. Una vez abierta la botella, la interacción con el oxígeno inicia el proceso de oxidación, que se acelera en espacios calefaccionados. La recomendación es simple: volver a tapar la botella y guardarla en posición vertical dentro del refrigerador. Así se preservan frescura y aromas, tanto en blancos como en tintos.
Maridajes para días fríos
El invierno invita a explorar nuevas combinaciones. Un Chardonnay con buena acidez puede acompañar platos cremosos o pescados grasos, mientras que el Pinot Noir armoniza con hongos, aves, pastas y verduras asadas. “El invierno es una buena oportunidad para descubrir nuevas combinaciones”, comenta la enóloga Carol Koch. La clave está en disfrutar sin reglas rígidas, dejando que cada copa se adapte al ritmo de la temporada.
Servir y conservar el vino en invierno es más que técnica: es parte del placer de beber con conciencia. Ajustar la temperatura, cuidar la botella y elegir el maridaje adecuado transforman cada sorbo en una experiencia completa, donde el vino se convierte en protagonista de los días fríos y las conversaciones cálidas.
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