Semillón es la cepa olvidada que aún resiste en el hemisferio sur
En Chile, hablar de Semillón es evocar un fantasma noble. Una variedad que alguna vez reinó en los blancos del siglo XIX y que hoy sobrevive apenas en rincones de viñedos antiguos. «Nadie lo está plantando», le dijo Ana María Cumsille de la viña Carmen al crítico inglés Tim Atkin, con un suspiro que resume la fragilidad de esta uva.
El tema no es nuevo para el experto británico, quien ha seguido de cerca la escena vitivinícola nacional. Para él, la cepa Semillón es como una joya escondida, un tesoro que resiste en silencio mientras el país se rinde a la moda del Sauvignon Blanc y la Chardonnay.
Su mirada invita a reconsiderar lo que significa beber historia en una copa: un viaje hacia lo olvidado, hacia lo que aún late bajo la superficie del mercado.
El suspiro de una cepa
El Semillón, antaño protagonista de los blancos chilenos, hoy apenas ocupa el 0,48% de los viñedos. Una pálida sombra de la gran importancia que tuvo en el pasado.
Se sabe que a fines del siglo XIX, esta cepa dominaba en Chile, Argentina y Sudáfrica. Era la uva blanca por excelencia, mucho antes de que la Chardonnay conquistara paladares. Su piel fina, rendimientos bajos y vulnerabilidad a hongos la condenaron al olvido.
La ironía es que esas mismas debilidades la hacen perfecta para vinos dulces de botritis. Tim Atkin recuerda que su declive en el tiempo se explica tanto por la moda como por sus sabores relativamente neutros.
El desafío de darle voz
«Como enólogo, hay que darle personalidad», le confidenció Cumsille. De hecho, sus vinos Quijada y Florillón lo demuestran: uno fermentado en huevos de hormigón, otro bajo velo de flor. Ambos discretos, sutiles, con matices que seducen a quien busca profundidad más que estridencia.
En ese sentido, Atkin subraya que, aunque no es popular, el Semillón ofrece una diversidad sorprendente frente al omnipresente Sauvignon Blanc.
La búsqueda por recuperarla y darle voz no es nueva, sino que se viene impulsando desde hace algunos años. De hecho, hace una década se realizaron las Semillon Sessions que intentaron devolverle protagonismo. Lamentablemente, el impacto fue mínimo. Sin embargo, los mejores ejemplares siguen brillando, tanto en Chile como en el hemisferio sur. Tim Atkin insiste: «Compre una o dos botellas y verá a qué me refiero».
En su Reporte Chile 2026, el Master Wine incluyó al Semillón entre sus “Top Wines of the Year”, destacando La Blanca Semillón de De Martino con 95 puntos y describiéndola como “uno de los mejores Semillón de Chile”.
Una oportunidad urbana
En tiempos de consumidores jóvenes que buscan autenticidad, el Semillón puede ser un hallazgo. No compite con el Sauvignon Blanc en frescura inmediata, pero ofrece capas de historia y técnica. Atkin lo considera un vino para quienes buscan identidad más que moda. En ciudades que mezclan bares de vino natural y cenas de autor, esta uva podría ser el próximo guiño sofisticado.
Y es que el Semillón no pide multitudes, pide curiosidad. Su encanto está en lo que resiste, en lo que se niega a desaparecer. Quizás sea hora de que la nueva generación lo redescubra, copa en mano, como un secreto compartido, siguiendo la invitación de Tim Atkin.
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