Fuego y vanguardia, las claves del asado perfecto para este 18
Ya llegó septiembre y la parrilla vuelve a consolidarse como el epicentro absoluto de las reuniones y celebraciones. Pero la verdadera magia de un asado de Fiestas Patrias no se improvisa, sino que comienza mucho antes de encender las brasas. Los secretos de una gran jornada culinaria radican en una correcta planificación, la selección inteligente de los productos y el respeto por los tiempos de cada preparación.
Como bien plantea Ismael Barros, socio de Brasas de Lo Pirque, un buen asado no depende solamente de comprar el corte más caro. Para el experto parrillero, es indispensable pensar qué se quiere preparar, para cuántas personas y cómo se van a combinar los distintos productos, ya que la gracia de una parrilla está también en los tiempos y en entender que no todas las carnes se trabajan igual. Por ende, para disfrutar de una experiencia memorable y cuidar el presupuesto, es fundamental diseñar un menú equilibrado donde convivan distintas opciones y texturas.
La curaduría de los cortes
La primera decisión estratégica ocurre frente al mostrador de la carnicería. Para quienes buscan opciones tradicionalmente asociadas a una experiencia premium, la oferta destaca cortes de vacuno emblemáticos como el lomo vetado, el lomo liso, la entraña, el costillar y la punta de picana. Estas alternativas garantizan un sabor excepcional y una gran presencia en la mesa, ideales para lucirse ante los comensales.

Sin embargo, los paladares sofisticados también saben que se puede lograr un excelente rendimiento con un presupuesto más ajustado. Alternativas como el asiento, la sobrecostilla y la tapabarriga ofrecen una relación precio-calidad sobresaliente si se preparan con la técnica adecuada. En esta línea, cadenas tradicionales como El Carnicero impulsan oportunidades extraordinarias en cortes seleccionados para facilitar el abastecimiento familiar y mayorista durante estas semanas.
El diseño de un menú parrillero moderno rehúye de la monotonía. Apostar la totalidad del asado a un único corte de vacuno suele ser un error frecuente que limita los matices de la velada. Para Ismael Barros, es fundamental diversificar la oferta sobre los fierros, explicando que no necesariamente hay que apostar todo a un solo corte de vacuno. El experto sugiere que se puede comenzar perfectamente con embutidos, incorporar pollo o cerdo y elegir uno o dos cortes principales, lo cual permite ofrecer distintos sabores y también ordenar mejor los tiempos de preparación.
Esta combinación de cortes de distintos valores es también una de las estrategias más inteligentes para cuidar el presupuesto, permitiendo ofrecer variedad sin que toda la compra dependa de los productos de mayor precio. La practicidad también tiene un espacio relevante en la cocina de tendencia actual. Para simplificar la puesta en marcha sin perder el toque artesanal, existen soluciones listas para el fuego que optimizan el trabajo del anfitrión, como el tradicional pack de anticuchos envasado al vacío de El Carnicero, disponible en su plataforma web.
Logística, frío y matemáticas del asador
Un buen asado requiere precisión matemática para evitar tanto el desperdicio como la escasez. Al momento de calcular las compras, la referencia estándar para un público adulto se sitúa entre los 350 y los 400 gramos de carne cruda por persona, asumiendo que el menú contempla acompañamientos y ensaladas en la mesa. Para los más pequeños del hogar, la porción sugerida oscila entre los 150 y los 250 gramos dependiendo de la edad. No obstante, si se decide incorporar generosamente embutidos, cerdo o pollo, es perfectamente posible reducir la cantidad de vacuno por comensal.

Planificar las compras con anticipación ofrece ventajas innegables tanto en comodidad como en la posibilidad de acceder a una mayor variedad de cortes antes de los días de mayor demanda. Álvaro Martínez, gerente comercial de Doña Carne, respalda con firmeza esta estrategia de anticipación. El ejecutivo señala que adelantar las compras y congelar siempre es una buena recomendación para comprar con comodidad y disponer de todos los cortes existentes, especialmente porque los cortes parrilleros suelen tener una alta demanda a medida que se aproxima el 18.
Si se opta por congelar el producto, resulta crucial respetar rigurosamente la cadena de frío, manteniendo el congelador a una temperatura interna de -18 °C o inferior. Un consejo sumamente útil es separar y etiquetar las porciones antes de congelarlas, permitiendo descongelar únicamente lo que se consumirá en cada jornada. El proceso de descongelación posterior es una etapa crítica que exige paciencia. La única recomendación segura es realizar este paso dentro del refrigerador con la debida anticipación, idealmente desde el día anterior, y nunca dejar la carne expuesta a temperatura ambiente o sobre el mesón.
Ismael Barros enfatiza que la parrilla se planifica desde el día anterior, explicando que si sabemos qué vamos a cocinar, podemos sacar con tiempo lo necesario y llegar al momento del asado con la carne correctamente descongelada y lista para trabajar. Este procedimiento conserva la textura firme, la consistencia y el aspecto fresco del producto. Además, una vez que la carne se ha descongelado, bajo ninguna circunstancia se debe volver a congelar.
El ritual frente a las brasas
Al momento de enfrentar el fuego, el secreto mejor guardado de los expertos es la calma y la observación constante. Uno de los fallos más habituales en los asadores aficionados es la ansiedad de mover, pinchar o intervenir la carne constantemente. Ismael Barros advierte tajantemente sobre este comportamiento, señalando que uno de los errores más comunes es querer mover la carne todo el tiempo, por lo que aconseja darle espacio al fuego para hacer su trabajo, observar cómo responde el corte y no apurar innecesariamente el proceso.

Asimismo, Barros recalca que el corte tiene que conversar con el tiempo que uno tiene [10]. Hay preparaciones que necesitan paciencia y otras que permiten resolver una parrilla de manera más rápida, siendo un grave error tratar todos los productos exactamente igual. Para asegurar la máxima precisión en el punto de cocción de las carnes de vacuno, el uso de un termómetro de cocina resulta ser un aliado tecnológico indispensable.
Un corte vacuno en punto azul requiere una temperatura interna de 46 a 49 grados, mientras que el punto poco hecho se logra entre los 50 y los 52 grados. Para quienes prefieren el término a punto, el rango ideal se sitúa entre los 54 y los 57 grados, ascendiendo a un término medio entre los 60 y 63 grados. Por su parte, el tres cuartos se registra entre los 65 y los 68 grados, mientras que una carne bien cocida debe alcanzar o superar los 70 grados internos.
Otras proteínas en la parrilla exigen cuidados específicos de temperatura y cocción. La carne de cerdo puede servirse a punto con un centro ligeramente rosado al alcanzar los 63 grados, o bien cocida cuando registra entre 70 y 71 grados de temperatura interna. En el caso del pollo, no existen los términos medios debido a estrictas razones de seguridad alimentaria, por lo que debe cocinarse en su totalidad hasta registrar un mínimo de 74 grados internos. Una vez retirado de la parrilla, todo corte debe reposar entre cinco y diez minutos antes de ser trinchado. Al momento de porcionar, realizar los cortes en sentido contrario a la fibra del músculo garantizará bocados notablemente más tiernos y jugosos.
Maridaje, frescura y presupuesto en equilibrio
La experiencia gastronómica del asado se completa con la correcta selección de los acompañamientos, los cuales aportan texturas y frescura para equilibrar el protagonismo de las carnes. Incorporar vegetales directamente sobre las brasas es una tendencia al alza que enriquece el menú de forma económica y vistosa. Alternativas como pimentones, cebollas, zapallos italianos, choclos y champiñones se asan maravillosamente al calor del fuego, sumando matices ahumados deliciosos.
Estos elementos vegetales se complementan de manera perfecta con guarniciones clásicas de nuestra gastronomía, tales como una ensalada chilena bien fresca, papas cocidas y un pebre recién preparado.
Como reflexión final, Álvaro Martínez de Doña Carne resume magistralmente la filosofía de un asado moderno e inteligente, argumentando que la mejor parrilla no necesariamente es la que tiene los cortes más caros. Según el gerente, una compra bien planificada, con las cantidades adecuadas y una combinación inteligente de cortes, permite disfrutar de una buena celebración, aprovechar mejor cada producto y cuidar el presupuesto familiar.
De esta manera, el asado trasciende la mera preparación de proteínas para convertirse en un festín culinario completo, sofisticado y sumamente disfrutable en compañía de amigos y familia.
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