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La cocina francesa renueva su historia en Santiago

La cocina francesa en Chile ha dejado de ser una expresión de lujo para transformarse en parte del paisaje cotidiano
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La cocina francesa en Chile ha dejado de ser una expresión de lujo para transformarse en parte del paisaje cotidiano. Desde los croissants y baguettes que acompañan el desayuno hasta los brunch que animan los fines de semana, su influencia se percibe en cafés, panaderías y restaurantes que reinterpretan la tradición gala con ingredientes locales. Lo que antes era sinónimo de sofisticación hoy se vive con naturalidad, como una forma de disfrutar la calidad y el tiempo que exige la buena mesa.

Esta expansión responde a una búsqueda de autenticidad. Los chilenos valoran cada vez más las recetas con historia, los procesos artesanales y las experiencias que conectan con la cultura detrás de cada plato. En ese contexto, la gastronomía francesa mantiene su vigencia gracias a su equilibrio entre técnica y emoción, entre la precisión del oficio y el placer de compartir. Así, Francia sigue conquistando Chile no sólo por su sabor, sino por su manera de entender la vida a través de la cocina.

Diálogo permanente

En medio del Parque Forestal, frente al Museo Nacional de Bellas Artes, el Castillo Forestal se levanta como un puente entre la historia y la gastronomía. Construido en 1910 para el Centenario de Chile, este edificio patrimonial ha sido testigo de más de un siglo de transformaciones. Hoy, su legado suma un nuevo capítulo con la llegada de Jonathan Montero, chef ejecutivo nacido en Château-Thierry, en la región de Champagne. El profesional asume el desafío de profundizar la identidad culinaria francesa del restaurante.

Jonathan Montero.

Su trayectoria incluye pasos por el Royal Champagne Hotel & Spa en Épernay, donde trabajó junto a Jean-Denis Rieubland, distinguido como Meilleur Ouvrier de France. Y también en otros reconocidos establecimientos como Le Sporting en Alpe d’Huez y Le Café en Saint-Barthélemy. Su incorporación marca el inicio de una etapa centrada en rescatar recetas tradicionales, potenciar la producción propia y reforzar una propuesta que combina técnicas clásicas con ingredientes chilenos.

«Queremos volver más profundamente a nuestras raíces. La llegada de Jonathan nos permite recuperar preparaciones tradicionales francesas, elaborar más productos dentro de nuestra cocina y seguir construyendo una propuesta auténtica, donde Francia y Chile dialogan permanentemente». Así lo explica Nicolás Samson, socio de Castillo Forestal y de Flannery’s Train Station La Dehesa.

Entre las novedades destacan terrinas, patés, foie gras, cassoulet y boeuf bourguignon, elaborados artesanalmente y con productos locales. La filosofía es clara: importar sólo lo esencial y desarrollar el resto con ingredientes chilenos, en una mirada de sostenibilidad y apoyo a productores nacionales.

Un patrimonio vivo

La historia del Castillo Forestal es inseparable de la de Santiago. Diseñado por Álvaro Casanova Zenteno, fue concebido como embarcadero para la antigua laguna del Parque Forestal. Con los años, albergó instituciones públicas, un jardín infantil y hasta la Escuela de Ballet del Teatro Municipal. Tras su restauración, se transformó en una brasserie francesa que combina arquitectura, cultura y gastronomía.

El restaurante ha mantenido una propuesta inclusiva y cultural: incorpora personas con discapacidad en su equipo y organiza las Cenas de Sentidos, experiencias gastronómicas que invitan a descubrir la cocina desde una perspectiva sensorial. A ello se suman música en vivo, colaboraciones con embajadas y eventos culturales que consolidan al Castillo como un espacio donde gastronomía y patrimonio dialogan.

Francia en la mesa chilena

Más allá de los salones del Castillo, la influencia francesa se extiende por todo Chile. Preparaciones como baguettes, croissants, quiches y pain au chocolat se han integrado en la vida cotidiana. Lo que antes era sinónimo de lujo hoy forma parte de desayunos, reuniones y brunch de fin de semana.

Según Claudia Chaparro, brand manager de Le Fournil, esta vigencia responde a una búsqueda de autenticidad. “Las personas valoran productos que respetan técnicas tradicionales, que requieren tiempo y tienen identidad. La cocina francesa combina tradición, simpleza y excelencia”.

Fue así como Le Fournil nació de emprendedores franceses que quisieron acercar los sabores de su panadería al público chileno. Con el tiempo, su propuesta evolucionó hacia el brunch y la cafetería, manteniendo como eje la herencia de las recetas y técnicas originales.

El auge del brunch

Brunch en Le Fournil.

El brunch se ha convertido en una de las tendencias más fuertes de los últimos años. Lo que comenzó como una costumbre urbana hoy es parte del fin de semana chileno. En este formato conviven la panadería artesanal, los huevos, la pastelería y el café, en una experiencia que invita a disfrutar sin apuro.

“Los clientes ya no buscan solo llevar una baguette o un croissant. Quieren vivir una experiencia completa, donde el brunch ocupa un lugar central”, comenta Chaparro. Preparaciones como croque-monsieur, huevos pochados y tostadas francesas ganan protagonismo, reflejando cómo la cocina gala se adapta a los nuevos hábitos sin perder su esencia.

Tradición y modernidad

La permanencia de estos clásicos demuestra que algunas recetas trascienden las modas. En un escenario donde las tendencias gastronómicas cambian constantemente, la cocina francesa mantiene su vigencia gracias a su capacidad de unir tradición, calidad y disfrute cotidiano.

Desde los hornos de panadería hasta las mesas del Castillo Forestal, Francia sigue conquistando a los chilenos con su mezcla de historia, técnica y pasión. En cada croissant, en cada copa de vino, late una herencia que se renueva día a día, recordando que la gastronomía también puede ser una forma de arte y de encuentro.


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