Icono del sitio Mostos y Destilados

Día del Enólogo: Brindar en tiempos difíciles

ada 10 de agosto, la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos (ANIAE), invita a celebrar el Día del Enólogo
Compártelo:
FacebookTwitterTumblrWhatsAppGmailEmailShare

Por Andrés Honeyman, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Agronomía de la Universidad de Las Américas.

Cada 10 de agosto, la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos (ANIAE), invita a celebrar el Día del Enólogo. Es una jornada pensada para reconocer a quienes transforman una cosecha de uva en una copa de vino. Pero este año, como los dos o tres anteriores, el brindis llega con sabor agridulce. Detrás de las etiquetas premiadas y los valles patrimoniales, la industria atraviesa uno de los momentos más adversos de su historia reciente. Celebrar al enólogo hoy obliga a hablar también de la crisis que enfrenta.

Las cifras no dejan mucho espacio para el optimismo. Según ODEPA, las exportaciones de vino chileno cerraron enero de 2026 con una caída de 25% en volumen respecto al año anterior, y en mayo el retroceso fue de 23%. En 2025 la producción nacional cayó 10% y la superficie plantada de viñedos se ha reducido en un 27% desde 2019. El fenómeno no es exclusivamente chileno. La Organización Internacional de la Viña y el Vino registró el año pasado un consumo mundial de 208 millones de hectolitros, el nivel más bajo desde 1957 y una caída acumulada de 14% desde 2018.

Sería un error leer esta crisis únicamente como un problema de precios o mercados. Lo que está cambiando es el hábito de consumo. Ignorar ese cambio cultural y seguir compitiendo solo por volumen a bajo precio, es una apuesta perdedora. La industria ya está ensayando respuestas, y ahí es donde el enólogo vuelve a ser protagonista. La apuesta por vinos sin alcohol o de baja graduación, responde directamente a consumidores más jóvenes y atentos a su salud. Los equipamientos adecuados para estos procesos de desalcoholización ya están en discusión y sus efectos en la calidad generan polémica. El enoturismo ha crecido con fuerza y la premiumización, es decir, apostar por vinos de mayor valor agregado en lugar de competir sólo por volumen, también asoma como camino.

Ninguna de estas alternativas es una solución mágica ni inmediata. Reconvertir un viñedo, reposicionar una marca o abrir un mercado nuevo, toma años. Pero todas comparten un elemento común: requieren del conocimiento técnico, capacidad de innovar y la mirada de largo plazo que precisamente encarna el enólogo. No se trata sólo de hacer buen vino, sino de repensar qué vino hacer, para quién y de qué manera contarlo para lograr venderlo.

Homenajear al enólogo en medio de esta crisis no debiese ser sólo un gesto, ni una postal de la industria en sus mejores tiempos, sino una oportunidad para poner en el centro del debate público el rol que estos profesionales pueden jugar en la reinvención del sector.

Si el vino chileno quiere seguir siendo una carta de presentación del país en el mundo, la salida no pasa por añorar el pasado exportador, sino en respaldar con políticas públicas y decisión empresarial, a quienes ya están imaginando cómo debe ser la próxima vendimia.


← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Salir de la versión móvil