El vino en lata dejó de ser una curiosidad para convertirse en una categoría en expansión. Así lo asegura Ball Corporation, especialista en envases de aluminio, que ha acompañado el lanzamiento de más de 50 etiquetas en América del Sur. De esta forma se consolida un formato que responde a consumidores que buscan conveniencia, calidad y nuevas ocasiones de consumo.
Una lata equivale a dos o tres copas, lo que permite disfrutar de una experiencia personalizada, reducir desperdicio y facilitar la prueba de nuevas variedades. La tecnología aplicada al envase asegura que las características organolépticas del vino se mantengan intactas, derribando el mito de que la calidad depende del formato.
“El vino en lata amplía las ocasiones de consumo y acerca la categoría a nuevos momentos, sin dejar de lado la calidad”, afirma Gabriel Tribucio, director comercial de Ball para Sudamérica.
Identidad y sostenibilidad
La superficie de impresión de 360 grados convierte a la lata en un lienzo para construir identidad y diferenciarse en la góndola. Además, el aluminio es infinitamente reciclable, lo que lo posiciona como un material clave en la transición hacia modelos de consumo más circulares. Su ligereza y eficiencia logística refuerzan la propuesta de conveniencia con menor impacto ambiental.
En Chile, donde la cultura del vino se mezcla con la vida urbana, el formato en lata abre la puerta a nuevas experiencias: desde un picnic en el parque hasta un concierto al aire libre. La categoría se proyecta como un puente entre tradición y modernidad, capaz de seducir tanto a quienes se inician en el mundo del vino como a los consumidores más experimentados.
El lanzamiento de estas 50 etiquetas marca un punto de inflexión. El vino en lata ya no es una alternativa marginal, sino una propuesta que redefine cómo, dónde y con quién se disfruta el vino en América del Sur.
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