Cada 29, Santiago se convierte en escenario de un rito que mezcla superstición y placer gastronómico. La costumbre de comer gnocchi, nacida de una leyenda italiana y difundida en el Río de la Plata, llegó a Chile como un gesto de abundancia.
La historia cuenta que San Pantaleón, médico del siglo VIII, fue recibido con un plato de gnocchi por una familia humilde y, en agradecimiento, les auguró prosperidad. Al levantar el plato, aparecieron monedas de oro. Desde entonces, el billete bajo el plato se transformó en símbolo de fortuna.
Hoy, más allá de la tradición, el gnocchi se resignifica en clave urbana: un plato que une memoria, ritual y creatividad culinaria, y que cada mes convoca a restaurantes a desplegar su versión más personal de esta pasta.
De hecho, en Santiago, tres restaurantes reinterpretan esta tradición con estilo propio y detalles que los hacen únicos.
Un porteño en Vitacura
Recién llegado desde Buenos Aires, Chiuso abrió hace apenas un mes en Nueva Costanera y ya se convirtió en punto de encuentro. Toda su pasta se hace en casa y los gnocchi aparecen sólo el día 29, con recetas que cambian mensualmente: desde salsas ligeras con vegetales de estación hasta preparaciones más robustas con carnes locales.
Mariano Akman, uno de sus dueños, mantiene la costumbre de saludar a cada cliente por su nombre, replicando la cercanía de su local porteño. El resto de la carta despliega ravioles rellenos, tortelloni delicados y risottos que dialogan con pescados y carnes chilenas.
Sabor y vino familiar
En Alonso de Córdova, La Bottega Gandolini combina cocina italiana artesanal con una sólida propuesta enológica. Sus gnocchi de papa a la bolognesa, hechos a mano, se sirven con salsa de carne, pancetta y tomates frescos, en un plato que equilibra rusticidad y elegancia. La experiencia se completa con pizzas de masa propia, focaccias esponjosas y un gelato que se roba miradas.
La carta de vinos, curada por la familia Gandolini, incluye etiquetas propias y de productores seleccionados, convirtiendo cada visita en un recorrido por la vitivinicultura chilena. Además, organizan talleres y eventos que refuerzan el carácter comunitario del lugar.
Trattoria en Barrio Italia
El chef Matías Arteaga instaló su taller de pastas a la vista, en plena Av. Italia, donde los transeúntes pueden observar cómo se amasan y cortan las preparaciones. Su trattoria Gino Lautaro ofrece platos reconfortantes con pasta casera, charcutería elaborada en el mismo local y encurtidos propios.
Los gnocchi con ragú alla bolognese son protagonistas: se sirven con stracciatella fresca, albahaca y parmesano, en un plato que mezcla tradición y frescura. La atmósfera del lugar, con mesas cercanas y un aire bohemio, lo convierte en una parada ideal para quienes buscan autenticidad en el corazón de Barrio Italia.
Como ves, la tradición se renueva en clave urbana: tres mesas que convierten un rito de prosperidad en un festín contemporáneo. Este 29, el billete bajo el plato se acompaña de buena cocina y un brindis por la fortuna.
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