En noviembre, la ciudad de Santiago será el epicentro del enoturismo mundial. La capital chilena recibirá por primera vez a The World’s 50 Best Vineyards, el prestigioso ranking que celebra las experiencias vitivinícolas más excepcionales del planeta.
La cita se desarrollará durante la semana del 16 de noviembre, en alianza con el Gobierno de Santiago, su Corporación Regional y Grupo Liderazgo.
Chile en el mapa del vino
La llegada de este evento consolida a Chile como referente internacional. Con más de 40 viñedos abiertos al turismo en la Región Metropolitana, Santiago se proyecta como puerta de entrada al Valle del Maipo y a los valles más célebres del país. En 2025, siete viñas chilenas figuraron en la lista, con Vik coronada como la mejor del mundo y de Sudamérica.
La ceremonia de premiación será el punto culminante de un programa de varios días que desplegará actividades en toda la ciudad. Los invitados podrán descubrir la riqueza cultural, la gastronomía urbana y los paisajes que hacen de Chile un destino único. El evento promete fusionar hospitalidad premium, tradición vitivinícola y vibrante vida urbana.
Rikki Tidball, directora de eventos de 50 Best, destacó que Chile es “el destino perfecto” por su diversidad y autenticidad. Claudio Orrego, gobernador de Santiago, subrayó que la ciudad es “la capital del vino y el turismo de Sudamérica”. Para Max Raide, presidente de Grupo Liderazgo, la sede en Santiago es “un sueño hecho realidad” que invita a explorar cepas emblemáticas como Cabernet Sauvignon y Carmenere.
Más allá del ranking
La lista, elaborada por más de 700 expertos en vino y viajes, celebra viñedos que ofrecen experiencias memorables. Desde arquitectura contemporánea y bodegas centenarias hasta restaurantes galardonados y proyectos familiares. No existen criterios rígidos; cada voto refleja la vivencia completa del visitante.
La elección de Chile como anfitrión confirma el auge de su viticultura y su capacidad de innovar sin perder raíces. En noviembre, la ciudad se transformará en vitrina global, donde el pulso urbano se mezcla con la tradición de los valles.
Sin duda se trata de una oportunidad única para mostrar al mundo que el vino chileno no sólo se bebe, sino que también se vive.
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