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Chile se saborea con nuevos hotspots gastronómicos en regiones

La escena culinaria chilena atraviesa una transformación vibrante que desplaza el epicentro del sabor de la capital a los rincones más inesperados de regiones
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La escena culinaria chilena atraviesa una transformación vibrante que desplaza el epicentro del sabor desde la capital hacia los rincones más inesperados de nuestra geografía. Hoy, viajar por el país no es sólo buscar paisajes, sino también encontrarse con propuestas que desafían la tradición y abrazan la identidad local con una sofisticación renovada.

Desde los cerros de Valparaíso hasta el corazón del Maule y las costas de Cachagua, una nueva generación de cocineros está redefiniendo lo que significa comer bien en regiones.

Retornar al origen en la costa central

En el exclusivo, pero sereno balneario de Cachagua, Gabriel Layera ha concretado su regreso triunfal con La Pancora y el Erizo. Tras años en España, el fundador de La Calma decidió que su cocina marinera cobraba más sentido frente al mismo océano que provee sus insumos.

Comedor de La Pancora y el Erizo.

Su apuesta se aleja de los artificios para centrarse en una marisquería contemporánea que venera el producto de temporada y la relación directa con los pescadores. Aquí, el purismo es la norma y los comensales pueden redescubrir tesoros como el erizo, el piure o la almeja en su estado más honesto.

La técnica de la brasa es el hilo conductor que eleva productos poco habituales a categorías de culto dentro de este local. El pejesapo a la brasa se ha transformado rápidamente en el plato estrella, sorprendiendo por su textura rica en colágeno y una carne extremadamente delicada.

Lejos de la exclusividad prohibitiva, el restaurante maneja un ticket promedio de cuarenta mil pesos, buscando una transversalidad que privilegia la calidad sobre el estatus. Es un ejercicio de justicia gastronómica donde las lapas y palometas reciben el tratamiento que la alta cocina solía reservar solo para especies tradicionales.

Vanguardia entre cerros y hojaldres

La ciudad puerto de Valparaíso vive una efervescencia creativa que se respira en cada esquina del Cerro Concepción. Mesa Panba es el ejemplo perfecto de esta evolución, liderado por Braulio Tapia, quien transformó su afición por la masa madre en un destino imperdible dentro del histórico Hotel Gervasoni.

Baozi de Quinto Rumbo.

Lo que comenzó como una panadería al paso es hoy un restaurante con mesas, coctelería de autor y una bollería que se atreve a despeinar los cánones europeos. El icónico Pan de Ají, un hojaldre relleno de ají oro y queso crema, sigue siendo el favorito de quienes buscan sabores rupturistas.

A pocos pasos, Quinto Rumbo se instala en una casona del cerro Concepción para ofrecer una cocina que mezcla recuerdos familiares con alta técnica. Los jóvenes socios, formados en cocinas de renombre como Caperucita y el Lobo, proponen una experiencia íntima.

Destacan los baozi de carne mechada y un curry amarillo de jaiba que dialoga con el arroz chaufa. La velada puede culminar con un lúdico sándwich de algodón de azúcar, demostrando que la nueva cocina porteña no tiene miedo a jugar con la nostalgia y la creatividad.

Con la cercanía del mar

La bohemia del Barrio Cumming también se renueva con la llegada de Madame Claude, un bar que apuesta por la triada ganadora de pizzas artesanales, tapas y coctelería de autor. Entre sus mezclas destaca el cóctel homónimo, una combinación de espumante, gin y frutos rojos que refresca las noches porteñas.

Plato de Che Tuki Ñam.

Mientras tanto, en Cerro Alegre, Los Chiles Mexicanos responde a sus seguidores con una Michelada artesanal que incorpora clamato casero y camarones aliñados, reforzando la diversidad cosmopolita de la zona.

Más al norte, Reñaca suma a su oferta el restaurante Che Tuki Ñam, ubicado en plena avenida Borgoño. Su carta equilibra cortes de carne con risottos de salmón y mariscos al wok, ideal para quienes buscan una cena frente al mar con un toque de sofisticación.

La barra no se queda atrás con el Macho Tuki, un cóctel a base de tequila macerado en ají con un hielo especial que intensifica el picor a medida que se consume.

Sorpresas en la zona sur

Linares, tradicionalmente conocido por su cultura huasa, sorprende ahora con Ganbare, un restaurante que trae aires orientales a una casa colonial centenaria. Tres amigos decidieron rehabilitar este espacio patrimonial para ofrecer una carta que viaja por Tailandia, Vietnam, Japón y Corea.

Ganbare en Linares.

La estructura de adobe y vigas originales convive con una ambientación nipona contemporánea que incluye un salón principal y un acogedor tatami para una experiencia inmersiva.

La chef Alicia Rodríguez lidera una propuesta donde la salud y la innovación son protagonistas, priorizando preparaciones con pocas frituras y abundantes opciones veganas. El Pad Thai y el Ramen de cerdo conviven con entradas creativas como las gyosas de locos y queso, rescatando insumos locales para platos milenarios.

Para acompañar, la barra ofrece desde licores artesanales maulinos hasta sake y soju, consolidando un rincón de Asia en plena zona centro-sur.

Finalmente, el viaje gastronómico culmina en Puerto Montt, donde el Hotel Boutique y Cabañas Tungulú invita a descubrir el sur con calma y buen comer. Su nuevo Restaurant Tenglo ofrece una cocina inspirada en los sabores de la Patagonia Norte, utilizando productos locales y de temporada para reconfortar a los viajeros.

Es el punto de partida ideal para quienes buscan combinar el descanso en tinajas de agua caliente con una mesa que rinde homenaje a la identidad de Los Lagos.


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